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Daniel Rosales | El Coaching Ontológico ante la POSVERDAD

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Daniel Rosales es el actual presidente de FICOP (Federación Internacional de Coaching Ontológico Profesional). En su primera columna para La Red Coaching, abre conversación sobre una palabra muy de moda: la «posverdad» ¿Qué es la posverdad? ¿Cómo nos impacta?

¿Quién es Daniel Rosales?

Daniel Rosales
Además de ejercer la presidencia de FICOP y de la Escuela Latinoamericana de Coaching (ELAC), Daniel Rosales fue presidente de la Asociación Argentina de Profesionales del Coaching (AAPC). Coach Ontológico Profesional además de ingeniero industrial, Daniel es docente y conferencista.

¿Qué es la POSVERDAD?

Posverdad es un término tristemente célebre desde que en 2016 el Diccionario Oxford de inglés la considerara “la palabra del año” y la Real Academia Española anunciara la incorporación en su diccionario en diciembre 2017, aunque aún “no se haya completado su definición». El Director de la RAE, Darío Villanueva, adelanta, como si se tratara de una primicia, que posverdad quiere decir: «las aseveraciones dejan de basarse en hechos objetivos, para apelar a las emociones, creencias o deseos del público»
La sola difusión de la “noticia” debería llamarnos a la reflexión ya que ambos prestigiosos diccionarios, al incluír este término sugieren su “existencia” en las respectivas lenguas, siguiendo la tradición que dice: “si no está en el diccionario… no existe”. Este neologismo describe que, a la hora de referirnos a la “realidad”, los hechos objetivos tienen menos influencia que el impacto que produce el mensaje difundido sobre el estado emocional y las creencias personales. Además muestra que, a fuerza de repeticiones, va transformándose en la “verdad”, llamada ahora “posverdad”.
No deja de ser un alarmante eufemismo de una mentira emotiva que, aprovechando el inimaginable poder de difusión de las redes sociales y su multiplicación a progresión geométrica, genera la “sensación” de estar ante una noticia “verdadera”. Es por tanto una mentira con altas probabilidades de ser aceptada.
Ahora bien, ¿cómo es posible que tanta gente, al menos en el mundo occidental, viva aceptando estas aseveraciones emotivas como si fueran verdaderas?. ¿Acaso estamos inhabilitados de percibir semejante desplazamiento entre lo que se dice y lo que sucedió en realidad?. ¿Podría tratarse de un “espacio ciego” que nos ofrece la cultura y que produce que las personas reaccionen de manera similar sin percatarse, o al menos, sin disponer de los recursos necesarios para así ajustar ese desplazamiento?.

Paradigma Metafísico: ¿las cosas SON como las VEMOS?

Rafael Echeverría, sociólogo y doctor en filosofía, creador del discurso de la Ontología del Lenguaje sobre cuyas bases se estructuró la profesión del Coach Ontológico, ha señalado en sus escritos las características del llamado “Programa Metafísico”, concepción filosófica en la que todos los seres humanos estamos inmersos y que, por tanto, nos es “transparente”. Entre las ilusiones generadas por las premisas en las que se basa dicho programa, Echeverría señala la que sostiene que «somos seres racionales y que, por tanto, tenemos un acceso privilegiado a la “verdad” a través de nuestra razón, y que es el conocimiento el camino de nuestra razón para aprehender “el ser de las cosas”.
La consecuencia de este paradigma es que terminamos pretendiendo que “las cosas sean como las vemos” sin poder distinguir que nuestra percepción de las cosas es solamente eso: una percepción. Y en esa confusión las interpretaciones que hacemos los seres humanos parecieron fundirse con los hechos. Somos diferentes observadores de las experiencias que vivimos, ya sea por participar de ellas en forma directa o, lo más común en estas épocas de “sobreinformación”, por informarnos directa o indirectamente a través de lecturas, mensajes, noticias, o comentarios de terceros, a quienes damos mayor o menor autoridad como emisores de las noticias transmitidas. Somos diferentes observadores en función de experiencias de vida, valores, tradiciones y las diferentes influencias que ejercen los distintos sistemas sociales en los que vivimos. Si cada uno de nosotros pretende tener ese “acceso privilegiado a la verdad de las cosas” es dable esperar que la comunicación humana se asemeje a lo decidido por Dios ante el orgullo de pretender construir la Torre de Babel: vivimos en el espacio de pretender aseverar que “lo que vemos ES” sin poder distinguir que lo que vemos “es lo que vemos”, según sea el tipo de observador que estamos siendo. Un observador, para el coaching ontológico es la coherencia que se establece, en un momento determinado, entre sus conversaciones (lenguaje), su estado emocional y su disposición corporal.

Paradigma Metafísico y Posverdad

Ese fenómeno ilusorio toma envergadura con el advenimiento de este nuevo término de la “posverdad”, de creciente y preocupante uso en la política donde aquello que aparenta ser verdad es más importante que la propia verdad, abriendo espacios donde la comunicación se convierte en instrumento de manipulación y propaganda.
El ataque a las torres gemelas en 2001 dio lugar a varias expresiones de la posverdad: desde que se trató de un auto atentado hasta declaraciones de los gobiernos británico y estadounidense sobre que Irak poseía armas de destrucción masiva que luego “fundamentaron” la decisión de invadir a dicho país y derrocar a Sadam Hussein. Posteriormente se constató que esas presuntas armas en realidad no existían.
El Brexit de Gran Bretaña, la actividad separatista en Barcelona y otros pueblos de España, la mentada lucha por la corrupción del Partido Popular en España (a pesar de las decenas de denuncias de corrupción de funcionarios del partido), las políticas supuestamente populares y reivindicativas de las clases sociales más desplazadas en programas populistas en Argentina y Venezuela, el triunfo de Donald Trump luego de encendidos discursos de tinte nacionalista, son claros ejemplos de la influencia de una comunicación que, desde la llamada “posverdad”, crean realidades más allá de hechos que sustenten las acciones llevadas a cabo para crearlas.
Las neurociencias hoy nos permiten fundamentar que las sinapsis neuronales que generamos al momento de realizar juicios son más débiles que las que se producen cuando, por efecto de la repetición, se transforman en creencias y éstas, a su vez, son más débiles que las que generamos cuando se transforman en convicciones. Los fundamentalismos surgen cuando las convicciones y su correspondiente coherencia emocional, le dan a una interpretación el carácter de verdad, negando toda otra posibilidad de aprendizaje.

Coaching Ontológico: una poderosa alternativa ante la posverdad

La concepción ontológica, constructivista y sistémica sobre la que se apoya la práctica profesional del Coaching Ontológico surge como una poderosa alternativa a la “naturalización” que propone la posverdad. Este pretendido término se basa aceptación de un mundo “relatado” sin fundamentos observables, un mundo que se constituye desde lo que las personas definen como “real”, haciéndolo “real”.
Un coach ontológico, formado desde una alta rigurosidad conceptual, que adopta un marco ético en su actuación profesional y con capacidad efectiva de generar y asistir en procesos de transformación, es hoy una fenomenal posibilidad para desafiar los supuestos creados por la posverdad. A diferencia de la propuesta que trae el programa metafísico, el coach ontológico observa la realidad como un constructo que realiza el observador a través de las interpretaciones que realiza sobre los hechos, dándole así sentido a su decir. Por lo tanto distingue, y asiste a que otro pueda distinguir un hecho de una interpretación, que la cultura occidental tiende a considerar como no diferentes. Los comportamientos humanos son juzgados desde una emocionalidad de certeza, en la ilusión de que lo que se juzga “habita” en la persona, la experiencia o la cosa juzgada.

¿Podemos confiar en los medios de difusión?

Así asistimos a diario a expresiones vertidas en los medios de difusión donde una nueva “especie” de participantes, los llamados “panelistas”, desgranan con total impunidad, sus “opiniones” acerca de cualquiera sea el tema que se trate. Es llamativo que nunca se les pregunta: ¿para qué decís lo que decís?. Esta simple pregunta desnudaría muy probablemente la incapacidad de sostener algún sentido determinado que vaya más allá de “dar su opinión”.
Por si esto no fuera suficiente, son llamados “formadores de opinión”!!!, extraña manera de sacarnos la responsabilidad de hacernos cargo de lo que decimos: es más simple poner la responsabilidad en otros. En tiempos de altísima velocidad de propagación de la información, es observable que la gente no lee, no profundiza sobre lo que escucha y simplemente basándose en la confianza que deposita en el medio o en la red social,construye su propia realidad desde su espacio emocional y la constituye como verdadera.

¿Necesitamos más coaches?

No es casual que la demanda por formarse en coaching ontológico está creciendo de manera sostenida en las últimas dos décadas. La gente necesita salir de contextos de falta de confianza, de repetidas amenazas de conspiraciones nacionales e internacionales, de relatos que construyen a diario nuevos y renovados enemigos, de justicia lenta o inexistente, de escasez y falta de posibilidades. En síntesis, de una progresiva y contínua pérdida de recursos para construir realidades diferentes. Las personas necesitan recuperar el poder de soñar y accionar hacia sus sueños en la convicción de que sus logros dependen fundamentalmente de su compromiso, aún más allá de circunstancias que puedan estar limitándolos.
El Coaching ontológico es más que una profesión, es una manera particular de estar parado en el mundo (el Dassein de Martin Heiddeger) que se apoya en un paradigma muy diferente del que sostiene el “programa metafísico”. A las distinciones ya mencionadas sobre la “realidad” y las diferencias entre hechos e interpretaciones suma el desarrollo de habilidades para aprovechar una característica del lenguaje humano muy poco utilizada: la capacidad generativa de nuevas realidades, el compromiso en hacer que las cosas pasen, diferenciando claramente el uso más común que asignamos al lenguaje, característica de la posverdad, como es la de describir, explicar o justificar lo que pasa o pasó. Reconocer que es la escucha la que valida la comunicación y desarrollar una escucha ampliada, que posibilite escuchar el compromiso del que habla, le permite a la persona indagar para encontrar los hechos y el sentido por el que se emiten los juicios, la materia prima de esa mentira emotiva que nos ocupa en este escrito.
El mundo occidental necesita liberarse de la manipulación que pretende este tiempo de post modernidad, donde el compromiso de “tener razón” y la pretensión ilusoria de que todo gire en torno a un relato ficticio, determine el espacio de acción dentro de un marco limitado de posibilidades.
Aprender a distinguir el compromiso que manifiesta el lenguaje, la gestión emocional y corporal es la llave para elegir ese camino que lleva a la libertad. El coaching ontológico surge cada vez con más firmeza como el medio para producir esta verdadera transformación cultural.

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