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Las opiniones o los juicios pueden ser una fuente de gran sufrimiento. Acostumbrados a confundir hechos con juicios, solemos expresar nuestras opiniones como si fuesen descripciones de la realidad, dando por sentado que los demás ven lo mismo que nosotros y anulando la posibilidad de que opinen diferente.

De la misma manera, a veces tomamos por irrefutables las opiniones que otras personas dan sobre nosotros. Cuando escuchemos un comentario de alguien que nos hiere, pensemos si se trata de un hecho o de una opinión. Si es un hecho, revisemos si hay algo en nuestra manera de actuar que es factible de ser corregido, ya que puede ser un feedback válido que nos puede ayudar a cambiar. Si es una opinión, lo primero que podemos recordar es que los juicios hablan mucho más de la persona que los emite que de quien los recibe.

A su vez, hay algunas opiniones que son válidas y pueden ayudarnos a crecer. No podemos evitar que los demás opinen sobre nosotros. Lo que sí podemos evitar es que esas opiniones se encarnen en nuestro ser hasta lastimarnos o convencernos de que, en efecto, eso somos.

Es importante hacer, en ese momento, un trabajo interno para recordar que tenemos un valor intrínseco que no depende de lo que los demás opinen de nosotros.Una de las técnicas que enseñamos en nuestros cursos es que, frente a la opinión desfavorable o malintencionada de otra persona, repitamos internamente: «Sin importar lo que pienses de mí o me digas, yo sigo siendo una persona valiosa».

A su vez, cuidemos nosotros nuestras palabras al emitir juicios. Como explica Echeverría, a diferencia de un hecho, una opinión no puede ser verdadera o falsa, sino fundada o infundada. Y de acuerdo con la intención con la que se dice, también puede ser constructiva o destructiva. Aprender a expresar una opinión como tal, en lugar de verbalizarla como si fuera un hecho, es una habilidad clave para una comunicación efectiva, ya que las opiniones personales dichas como verdades generan tensión, no dan lugar al entendimiento y producen rigidez en quien escucha.

Si alguien dice: «Este lugar no sirve para tener una reunión», no deja abierta la posibilidad de que otro piense diferente, está dando su opinión como una verdad irrefutable, lo cual genera un natural rechazo en quien lo escucha, en especial si la otra persona piensa distinto. En cambio, si dice: «Desde mi punto de vista, este lugar no es el más adecuado para tener una reunión», está expresando la misma idea, pero se está adueñando de su opinión sin impedir que otro manifieste una diferente, lo cual contribuye a establecer una mejor comunicación y posiblemente un resultado diferente.

Expresar opiniones como hechos o juicios como afirmaciones, suele generar en el otro una reacción defensiva, que puede orientar la conversación hacia demostrar quién tiene la razón. Para evitar eso, alcanza con agregar, antes de emitir cualquier opinión: «Yo creo que…», «Yo opino que…», «Yo pienso que…», «Desde mi punto de vista…»o «Te sugiero que..» Este modo de expresarse armoniza el diálogo.

Es interesante, en este sentido, recordar el inicio de la carrera artística de Fred Astaire. Tras su primera audición, el director de MGM escribió un informe que decía: «No sabe cantar. No sabe actuar. Apenas sabe bailar un poco». Sin embargo, Astaire hizo que su propia voz y su convicción fuesen más fuertes que ese demoledor juicio: después de ese comentario que podría haber desalentado a muchos, fue considerado unánimemente como el mejor bailarín del siglo XX y una de las personalidades artísticas más influyentes de los musicales de cine y de televisión. ¿Qué hubiera pasado si Fred Astaire tomaba esa opinión como un hecho?

¿Qué nos pasa a nosotros cuando tomamos la opinión que otros tienen sobre nosotros, nuestras habilidades, talento o trabajo como un hecho? ; ¿Nos pasa de vivir las opiniones de los demás como si fueran afirmaciones?

Hay otra historia muy elocuente, cuyos protagonistas son dos empleados de una fábrica de zapatillas que viajan a una región del África para abrir nuevos mercados. A su regreso, uno de ellos comenta: —Imposible, no es un mercado para nosotros, allí nadie usa zapatillas, la gente anda descalza, así que nunca comprarán zapatillas. Pero el segundo opina: —Es la mejor oportunidad de negocios que he visto en mi vida: nadie tiene zapatillas…¡Todos van a querer comprar zapatillas! Ambos fueron al mismo lugar y observaron lo mismo. Sin embargo, emitieron juicios diametralmente opuestos. ¿Quién tenía razón? No lo sabemos. Pero, ¿cuál de los dos juicios abría, en verdad, nuevas posibilidades?

Frente al mismo hecho, las personas pueden tener diferentes interpretaciones y opiniones. El secreto está en elegir aquellas que abren posibilidades y descartar las que nos cierran los caminos. (No sabemos como las cosas son. Solo sabemos como las observamos o como las interpretamos. Rafael Echeverría) 

-Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que el silencio. Proverbio indio.

Fuente: Verónica y Florencia Andrés. Fragmento del Libro Confianza 

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