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Decir «no» es saludable y necesario

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Decir «no» está íntimamente relacionado con el rechazo, y cuando se escapa de nuestros labios, posiblemente tiene la capacidad de convertirnos en auténticos villanos a ojos de los demás. Paradójicamente, es también la frase que nos permite establecer límites, ajustar nuestros tempos y respetar nuestras necesidades. Y en demasiadas ocasiones, nos cuesta horrores verbalizarla. Cuando nos piden un favor, cuando el jefe nos ‘invita’ a que nos quedemos unas horas más, cuando nuestra pareja nos abruma con sus demandas…la gestión del ‘no’ es una auténtica pesadilla para miles de seres humanos. Y es un reto al que nos enfrentamos a diario.

Nuestros miedos detrás de la incapacidad de decir «no»

Vivimos en la cultura del agradar, en la que el peso de la imagen y el qué dirán en muchas ocasiones supera al de nuestras propias necesidades. De ahí que a menudo nos sintamos culpables cuando decimos que ‘no’ a algo o a alguien. Es una respuesta que solemos posponer lo máximo posible, adornándola con todo tipo de excusas y disculpas. Llegamos incluso a mentir, inventándonos compromisos inexistentes para cancelar citas o eventos a los que no nos apetece acudir. Y nos decimos que todo ello es para “no hacer sentir mal” a esa otra persona. Si nos atrevemos a ahondar un poco más allá, veremos que la realidad del asunto es que tememos la reacción del otro ante nuestra negativa, su ira, su descontento…pero sobretodo, tememos descubrir de qué manera afectará nuestra respuesta a la imagen que esa persona tiene de nosotros. ¿Cómo afectarán mis «no» en el afecto que el otro siente por mí?

Decir NO es una declaración fundamental del ser humano.

Define el respeto que nos tenemos a nosotros mismos y el que nos tendrán los demás. De hecho, al no respetar nuestros propios límites estamos invitando a los demás a que tampoco lo hagan. Decir “no” marca nuestra autonomía como personas y determina nuestra dignidad. Los esclavos no gozaban de ese derecho universal; las víctimas, tampoco. Un individuo que sea incapaz de decir no, se sentirá abrumado, sobresaturado de tareas, no respetado ni valorado. Un emprendedor que no sea capaz de decir «no», se verá imposibilitado a respetar sus prioridades.

¿Cómo impacta en nuestra autoestima y autorrespeto decir “sí” cuando en realidad queríamos decir ¡no!?

Nuestras maneras de decir «no»

¿Cómo acompaña nuestro cuerpo a nuestros «no»?. ¿Cómo suena nuestra voz? ¿Suave y firme o susurrante y dubitativa?. El cuerpo debe acompañarnos en nuestra decisión para enviar un mensaje claro y respetuoso a nuestro interlocutor. A menudo solemos creer que para decir «no» debemos enojarnos. No es en absoluto necesario pero si ese es el caso, es probable que vivamos malhumorados para evitar sentirnos avasallados.

No existe ninguna necesidad de justificarnos en exceso al negarnos a un pedido o propuesta. A menudo lo más efectivo es lo más directo y honesto, como un “lo siento, pero me temo que no puedo aceptar” o “en estos momentos me resulta imposible” como respuesta.

En el aprendizaje de decir «no» puede suceder que descubramos que haya determinadas relaciones en las que nos cueste más decir «no». Con nuestros hijos, padres, con nuestros jefes o con nuestras parejas. ¿Qué idea ronda por nuestra cabeza que nos produce temor decirles «no» a ellos específicamente? Analicemos cuánto fundamento tienen estas ideas y qué beneficios obtendríamos para nosotros y para ellos al decir «no».

¿Y qué nos pasa cuando otro nos dice «no»?

Lo primero que debemos tener en cuenta es que el «no», no es a nuestra persona sino exclusivamente a nuestro pedido, invitación u ofrecimiento. El otro es un otro que al igual que nosotros, tiene sus prioridades y deseos y el mismo derecho que nosotros a decir «no». ¿O es acaso que nuestro amor está condicionado a un eterno «sí»? Revisemos adultamente nuestra actitud. ¿Aceptamos? ¿Manipulamos? ¿Nos enojamos?. ¿Qué necesitamos aprender para recibir como adultos los «no» ajenos?

Se puede aprender a decir «no». La práctica requiere estar conectados a respetar nuestras prioridades para alimentar nuestra autoestima, autoconfianza y autorrespeto.

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