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Emociones y estados de ánimo: ¿son sentimientos?

emociones y estados de ánimo
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Emociones, sentimientos y estados de ánimo parecen ser iguales pero no lo son. Cuáles son las principales diferencias y cómo impactan en nuestros resultados.

Emociones

Las emociones suceden en el cuerpo, es decir, se sienten. Toda emoción es gatillada por un suceso o evento. Son rápidas y generalmente las podemos percibir; son identificables. El lenguaje para su descripción es pobre. 

Estados de ánimo

Los estados de ánimo también se manifiestan en el cuerpo. Generalmente, no se puede identificar el gatillo, es decir, no podemos darnos cuenta de que estamos en un estado de ánimo determinado hasta después de un tiempo. Son más lentos y perduran más que las emociones. El lenguaje para describir un estado de ánimo es pobre. Definitivamente, los estados de ánimos nos toman por sorpresa. Los estados de ánimo «nos tienen». Pareciera que nuestras acciones son cautivas de nuestros estados de ánimo. Hablamos y actuamos desde ellos, sin darnos cuenta cómo nos influyen en lo que decimos y hacemos.

Sentimientos

Los sentimientos tienen un componente racional. Una asociación neuronal que identifica emociones y estados de ánimo y coloca un nombre. Son conscientes. Por ejemplo, el sentimiento de amor es la racionalización de varias emociones y estados de ánimo. El sentimiento tambíen perdura más que la emoción. Dado que el lenguaje de los sentimientos fue más desarrollado por filósofos griegos, tenemos más facilidad para describirlos. 

Emociones y sentimientos más básicos

Normalmente, todo lo que sentimos se reduce a: tristeza, alegría, enojo o miedo y algunas otras más sofisticadas. ¿Qué más podemos decir de nuestro mundo emocional?

Por ejemplo, la ansiedad, ¿es una emoción?.¿Es un sentimiento? ¿O es el miedo el que la dispara? Cuando decimos “Hoy me siento optimista”, ¿Es ésto un pensamiento, un sentimiento o una emoción?

Primer tropiezo: LA POBREZA LINGÜÍSTICA
RESPECTO A LAS EMOCIONES Y SENTIMIENTOS

Como seres lingüísticos, los seres humanos nos planteamos interrogantes. ¿Nos dirige la cabeza o  el corazón?. ¿Somos seres racionales o emocionales? -como si ambas cualidades fueran opuestas y divididas- Desde el lenguaje, nos enfrentamos al reto de intentar distinguir dónde y cómo se generan las emociones y sentimientos.

¿Son las emociones acaso un fenómeno corporal? ¿Son disparadas por los pensamientos? ¿Dónde las podríamos localizar? Hemos sido limitados en el desarrollo lingüístico de las emociones, dado que la mayoría de nosotros intentamos “encasillar” lo que sentimos bajo un diccionario, que desafortunadamente, es pobre a nivel descriptivo.

Tal vez nunca podamos definir el mundo emocional, porque aún nos queda la siguiente duda: ¿Es el enojo de mi vecino igual al enojo mío? ¿Es la culpa de mi amigo igual a la culpa de un ladrón? O, cómo sostiene Echeverría, ¿es el amor que siente Romeo por Julieta igual al amor que siente Julieta por Romeo?

Emociones y estados de ánimo: EL LENGUAJE DEL MUNDO INTERIOR

Partimos entonces de que el lenguaje del mundo interior se ha desarrollado de forma escasa. ¿Cómo puede acaso, un científico describir dentro de cuántos años pasará un cometa cerca de la Tierra y nosotros entenderlo, cuando no podemos comprender qué es lo que estamos sintiendo? Esta pregunta abre el paraguas para conducirnos a otra pregunta:

¿Será que hemos dedicado mucho tiempo a describir el mundo exterior y hemos dedicado muy poco a describir el mundo interior?

Esto no es un planteo menor. Esto habla de siglos y siglos de nuestra historia. Habla del pensamiento metafísico planteado por Aristóteles, donde la verdad está allá afuera, y nada tiene que ver con lo que nos pasa a nosotros. ¿Para qué perder tiempo describiendo lo que nos pasa, si la verdad subyace a la vista de todos?

Pero hoy en día sabemos perfectamente que una persona bajo una emoción de tristeza, no verá lo mismo que una persona en un estado de optimismo o alegre.

Observamos entonces que las emociones y sentimientos, así como los estados de ánimos, son un filtro en la forma de ver el mundo.

Cada vez más, queremos conocernos y nos encontramos con esta pobreza lingüística que venimos planteando. Pero afortunadamente, en los últimos años, el mundo occidental está aprendiendo que lo que ocurre dentro nuestro es tan, o más importante, que lo que ocurre allá afuera.

Las emociones

Dice Rafael Echeverría que cada vez que experimentamos una interrupción en el fluir de la vida se producen emociones. Por lo tanto, cuando hablamos de emociones, podemos inferir y señalar las circunstancias particulares que las generan. Podemos identificar los acontecimientos que gatillan las emociones. El antropólogo Paul Ekman ha realizado importantes estudios acerca de los sucesos que gatillan las denominadas “7 emociones básicas”. Lo cierto es que, si esos acontecimientos desaparecen, las emociones también.

Vemos entonces que la acción modifica nuestra emoción, y por ende, nuestro horizonte de posibilidades.

Si vamos caminando por la calle en un estado de tranquilidad, y repentinamente se nos cruza un perro y nos gruñe, puede que esa acción gatille el miedo. Cuando el perro se va, el miedo se va. Esto nos remite a que si queremos saber en qué emoción estamos, podemos buscar el acontecimiento que la desencadenó.

Los estados de ánimo

A los estados de ánimo, normalmente, no podemos vincularlos con acciones que los gatillaron. Ellos viven en el trasfondo desde el cuál actuamos. Y desde ellos, realizamos acciones.

La diferencia con las emociones, es que los estados de ánimos revierten la relación acción–emoción. Desde un estado de ánimo determinado actuamos. Por lo tanto, en este caso, la acción prosigue al estado de ánimo.

No importa dónde, cuándo o con quién, los seres humanos siempre estamos en un estado de ánimo, y nos comportamos dentro de las posibilidades que nos brinda ese estado de ánimo. Mientras que la emocionalidad determine el actuar, nos condiciona en el cómo somos en ese estado de ánimo.

A modo de ejemplo, un paciente que vive en resignación, no cumplirá eficientemente su tratamiento a diferencia de uno que viva en la ambición de sanarse. El estado de ánimo lo llevará a plantearse «¿para qué hacerlo si no hay posibilidades para mí?. Su adherencia a la dieta, indicaciones médicas será pobre o nula.

Tal como postula Echeverría, la capacidad del ser humano de poder observar su estado de ánimo le abre posibilidades de acción, que normalmente permanecerían escondidas al observador que se limita por el sentido común.

Cuatro son los estados de ánimo básicos: ambición, aceptación, resentimiento y resignación. ¿Cuál es el estado de ánimo más peligroso?El resentimiento es considerado uno de los estados de ánimo más destructivos, a nivel personal como social. El resentimiento es primo del odio y la venganza. El resentido busca culpables y resarcimiento. Imposible desde allí sentir gratitud alguna por los sucesos y por la vida misma.

¿Cómo se relacionan emociones y estados de ánimo?

Existe una estrecha relación entre emociones y estados de ánimo. Lo que comenzó como una emoción ligada a un determinado acontecimiento, puede a menudo convertirse en un estado de ánimo si permanece en la persona el tiempo suficiente y se traslada al trasfondo desde el cuál actúa. En el ejemplo del perro, el miedo se va cuando el perro se va. Pero ante un asalto o robo violento, la emoción puede ir al trasfondo y convertirse en un estado de ánimo, donde ahora, no son los acontecimientos los que me producen miedo, si no que soy yo mismo actuando desde el miedo.

Como venimos postulando, mientras que la emoción se produce por un estímulo, los estados de ánimos hacen que actuemos desde allí, y por ende, ellos forman parte de nuestra identidad, porque el conjunto de nuestras acciones (ya sean físicas, comunicacionales o lingüísticas) constituyen el quiénes somos. 

De la emoción a la acción

emociones y estados de ánimo
De la emoción a la acción

Afortunadamente sí podemos esperar determinadas acciones desde el espacio de la emocionalidad. Sabemos que, desde el enojo, las acciones tienden a separarnos de quien lo siente o desde la tristeza, las acciones tienden a que nos aislemos. Nuevamente los estudios de Ekman confirman esta mirada sobre la acción posterior a la emoción. Y es en este espectro de acciones esperadas donde los seres humanos podemos actuar, ya sea cuando somos nosotros quienes las experimentamos o sean otros. La rabia, el amor, la culpa, más que referirse a lo que sentimos, aluden al espacio de posibilidades en el que nos encontramos en nuestro desenvolvimiento en la vida.

La importancia de las emociones y los estados de ánimo

Recapitulando, sostenemos que dependiendo del estado de ánimo en que nos encontramos, ciertas acciones son posibles y otras no.

Y este es el eje central de la emocionalidad. Si estamos predispuestos a la desconfianza, se estrechan las posibilidades de coordinar nuestras acciones con alguien. Mientras que, desde el entusiasmo, se amplía nuestro horizonte de acciones posibles en el futuro. ¿Quién de nosotros no ha observado el estado de ánimo de nuestros padres para buscar el momento adecuado de comunicarles la mala nota en el colegio? Esto demuestra que desde muy pequeños sabemos lo que estamos afirmando aquí.

Cuando mantenemos conversaciones, es fundamental, comprender que los resultados dependerán del estado de ánimo de los que mantienen el intercambio. El estado de ánimo no solo va a condicionar qué se puede alcanzar en esa conversación, sino que también modifica la forma en que las personas escuchan. ¿Quieres tener una conversación efectiva?. Genera el espacio necesario para que se desarrolle en un estado de ánimo de confianza e intimidad. Sólo de ese modo, cada participante podrá expresarse de manera productiva y sincera.

Fuente: https://www.pnliafi.com.ar/emociones-y-sentimientos/

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