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Empatía | ¿Cuándo somos verdaderamente empáticos?

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Sentados frente a «un otro» nos disponemos a escucharlo porque realmente nos interesa lo que le pasa. Dejamos de lado el celular, fijamos la mirada en nuestro interlocutor y lanzamos amorosamente la invitación: «Contame qué te pasa». ¿Serán nuestra intención y predisposición corporal suficientes para estar presentes y empáticos? ¿Que necesitamos verdaderamente para desarrollar empatía? ¿Cuándo no somos empáticos?

¿Qué es la empatía?

La empatía es la genuina curiosidad que nos lleva a querer descubrir aquello por lo que alguien está pasando. Es conversar y preguntar para lograr percibir qué está sintiendo el otro en ese momento. De la empatía nace la intención de asistir al otro. Es la práctica básica que nos lleva a la compasión. Puede sonar extraño, pero esta búsqueda, este preguntarse, es de lo que está hecha la conexión en un plano más profundo y, a veces, es incluso la entrada a un espacio espiritual.

¿Escuchar en silencio es suficiente para ser empáticos?

A menudo escuchamos simplemente con nuestra mente, con un propósito muy distinto al de conectar con la persona con la que estamos. Mientras escuchamos a quién tenemos en frente, nos enfocamos en el futuro: «¿Qué puedo responder?” o “¿Cómo se podría reparar ésto?”. Otras veces, en el pasado: “¿A qué me recuerda ésto?”. Nos distraemos así del momento, nos desconectamos y nos volvemos incapaces de entender lo que la otra persona está experimentando.
La habilidad de estar presentes, conectados con el sentir del otro, nos desafía a muchos de nosotros, humanos del siglo XXI altamente entrenados en el pensamiento, en lugar de simplemente escuchar y sentir.

Formas no-empáticas de comunicación

Podemos, sin dudas, elegir tener formas no empáticas de comunicación y, por supuesto, muchas de ellas pueden servirnos maravillosamente. Sólo que estas formas no son empatía; tienden a llenar el espacio, no a abrirlo. Estar atentos a estas formas “no-empáticas” de comunicación puede ayudarnos a distinguirlas para tener una conexión más profunda cuando la queramos.

Veamos un ejemplo:
Un amigo nos dice: “A veces odio mi trabajo. Mi jefe es un tirano”

  1. Compararnos
    “Sí, el mío también. Mi jefe es el peor. Hace que ir al trabajo sea un infierno en vida. Me acuerdo que una vez…”
    A veces, cuando la gente comparte lo que les pasa, nos recuerda a nuestra propia situación. Podemos, sin siquiera pensarlo, compartir esa experiencia. Entonces, pensemos… ¿No acabamos de cambiar de tema? ¿Están diciéndonos ésto para provocar que les contemos nuestra experiencia? Probablemente no.
  2. Educar y aconsejar
    “Oh, sí. Sé a lo que te refieres. Hay un libro que se llama «Como Amar un Jefe que Apesta”… o “Sí, cuando mi jefe hace eso, he aprendido a…” o “¿Has intentado hablar con el alguna autoridad superior?”.
    Cuando escuchamos el dolor de alguien, podemos asumir que quieren que les digamos cómo lidiar con la situación. Y por supuesto, no nos gusta ver gente que nos importa sufriendo, queremos ayudarlos. ¿Estamos haciendo ésto para saber qué está vivo en ellos o para reparar algo roto? ¿Esperamos que sigan nuestro consejo? Y si no lo hacen, ¿estamos bien con esa situación? ¿Estamos presentes para entender su experiencia? Probablemente no.
  3. Minimizar la situación
    “Eso no es nada. En esta economía, deberías estar agradecido por tener un trabajo”.
    Podríamos tener una reacción estereotipada al intentar llevar la atención de la persona hacia otra cosa en un intento de “hacerlos sentir mejor”. ¿Puedes recordar alguna vez en la que hayas recibido este tipo de respuesta y hayas pensando “Oh, sí, eso es muy cierto. Gracias por recordármelo, gracias por eso.”? Yo no.
  4. Reparando y aconsejando
    “Ok, cálmate. No te preocupes, vamos a poder con ésto. Se siente mal ahora, pero estoy seguro de que todo va a mejorar. Estas cosas tienen siempre terminan resolviéndose solas.”
    Cuando escuchamos el dolor de otra persona podemos sentirnos incómodos nosotros mismos e intentar resolver la situación de alguna manera. Y si chequeamos en nosotros: ¿Esa reacción tiene que ver con las necesidades de quién?
  5. Simpatizar
    “Oh, pobrecito. Me hace sentir tan mal escuchar eso. Odio ese jefe tuyo.”
    La simpatía (compartir una experiencia a partir de una situación imaginada) es muy diferente de la empatía. Implica responder a la persona que se ahoga tirándose al agua y ahogándose con ella. Sí puede hacerle saber al otro que entiendes lo que les está pasando. Tampoco es empatía.
  6. Recolectar información e interrogar
    “Entonces, dime exactamente, ¿Qué es lo que hizo? ¿Lo ha hecho antes? ¿Has notado un patrón aquí?”
    Recolectar información es a menudo un precursor de aconsejar, el precalentamiento de reparar todo. Puede venir de un sentido de NUESTRA propia curiosidad o de nuestro propio malestar con su dolor. Puede que tengamos un interés genuino. No es empatía.
  7. Explicar y defender
    “Mira, siendo yo jefe, sé que a veces simplemente tenemos que usar el látigo. Probablemente esté pasando por un momento muy estresante y no lo está haciendo a propósito. Es realmente difícil ser un jefe con toda esa responsabilidad encima.”
    A veces nosotros podemos tener reacciones al dolor de otra persona. Esto puede ocurrir sobre todo en situaciones donde podemos ser “culpados” o “responsables”. En esos momentos, podemos preocuparnos más por nuestro lado de la historia… NUESTRA necesidad de ser comprendidos. Ésto normalmente resulta en lo que llamo “Síndrome de Dos Transmisores, Ningún Receptor”. A veces lo llamamos “pelea” o “discusión”.
  8. Analizar
    “Entonces, ¿en qué otros aspectos de tu vida aparecen estas situaciones? ¿Has considerado que ésto puede ser un patrón tuyo? Tal vez estés frustrada con tu padre.”
    A veces estamos tan interesados en llegar “al fondo de las cosas” que nos olvidamos acerca de la superficie. Nuestras ansias por comprender, poner en orden y reparar nuestra incomodidad con el dolor de otra persona puede llevarnos a irnos a nuestro cerebro en busca de posibles respuestas. O tal vez tenemos que lidiar con nuestro propio dolor de esta manera. Sin ninguna duda, hay espacios en la vida en los que analizar es importante.

¿Y entonces? Tal vez empatía

Es probable que muchos de nosotros hayamos sido protagonistas de más de una de las situaciones no empáticas anteriores y probablemente lo hagamos de nuevo. La diferencia ahora es que al tener consciencia de lo que estoy haciendo, tengo la opción de hacer algo diferente si quiero.
Al comienzo puede ser muy difícil salirse de estas formas habituales de pensar o hablar. Nuestro “robot” entra a las patadas y nos aleja de dónde vamos. Lo difícil se vuelve fácil con la repetición incansable y la práctica del nuevo modo de escuchar que elegimos.

¿Practicamos?

Ejercicio 1. Fíjate si puedes encontrarte usando alguno de los métodos “no empáticos” mencionados, nuestras formas habituales de comunicación. Luego, imagínate cómo hubiera sido una respuesta empática. ¿Cómo se estaba sintiendo esa persona? ¿Qué estaba necesitando esa persona, esperando recibir, o ansiando experimentar? Haz una lista de sentimientos y de necesidades para la respuesta. Ahora imagínate lo que podrías decir.

Ejercicio 2. Juega al juego de Empatía/No-Empatía. Para hacer esta práctica, trabaja con un compañero en persona o por el teléfono.
Primero, escribe una frase, algo que podrías decir cuando quisieras un poco de empatía, como “Me siento muy estresado respecto a mis finanzas”. Pista: No elijas algo demasiado importante.
Dile tu frase a tu compañero quién deberá responder en cualquiera de las formas “no – empáticas” mencionadas. Esto podría ser algo como comparar: “Oh, ¿tú piensas que tus finanzas están mal? Yo estoy en quiebra desde…” o educar: “De la forma en que yo lo veo, hay una lección para ti en esto.” O minimizar: “Relájate, estarás bien”… O recolección de información: “Dime exactamente cuándo comenzó ésto.”
Luego dí la misma frase y tu compañero deberá darte una respuesta empática, algo como “¿Te estás sintiendo asustado porque necesitas más paz mental?”.
Luego cambien roles para que ambos puedan recibir respuestas no empáticas y respuestas empáticas que “lleguen”. Te darás cuenta cuando las escuches.
Para esta práctica puede ser más fácil comenzar con la forma más básica de empatía: “¿Te estás sintiendo__________ (sentimiento), porque necesitas más_________ (necesidad)?.”

Frutos de la empatía

La empatía es una habilidad que puede servirnos para crear nuevos niveles de conexión. Una habilidad que sin dudas puede darnos algunos de los momentos más hermosos de nuestras vidas. Es una forma de conexión con el otro que va más allá de lo mental, incorpora nuestro cuerpo y nuestro sentir. ¿Lo probamos?

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