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Joan Garriga|Tomar a los padres es tomarse en serio la vida

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El salón está repleto. Es el día previo a la presentación del Taller de Constelaciones de Joan Garriga en Tucumán. Joan ingresa y agradece el cálido recibimiento. Tomar a los padres, el perdón y la fidelidad familiar entre otros temas compartidos en la entrevista de La Red Coaching.

Joan Garriga: los primeros pasos

¿Cómo fue el camino desde la Psicología tradicional a las Constelaciones familiares?

Mi camino, como todos los caminos, es un poco azaroso, no corresponde a un plan. Lo primero que estudié fue Derecho. Cuando estaba en 3er año de la carrera me bloquée, no pude seguir. Fue uno de los primeros conflictos que yo viví en mi vida. Un Joan Garriga consciente decía que quería ser abogado, pero otro más silencioso y sabio dentro de mí, quería ser otra cosa. En uno de mis libros, uso esto que me pasó como un ejemplo de saber perder, cuando la vida no te da lo que quieres. Siento mucha gratitud por este bloqueo por todo el camino que se abrió a partir de él. Estuve unos años haciendo teatro particularmente. Una vez vi un anuncio en una revista –la vida te trae cosas sin que sepas porqué- de un grupo de crecimiento personal, que fue pionero en terapias humanistas en Barcelona. Llamé y así empezó todo. Fui a la universidad, logré el título de psicólogo que te da un background de teorías sin que necesariamente sean conocimientos reales para ayudar a gente real. Alguien una vez me dijo “pero eso no es científico” y yo le contesté, pues no, ¿por qué debería serlo? El conocimiento científico es una forma de conocimiento, nos ha dado mucho pero no es todo.

El encuentro con Hellinger

-¿Cómo llegas a Hellinger?

-Pues las cosas simplemente ocurren. Un día, en casa, recibo un mail de una mujer que vive en Austria. En el mail me cuenta que estaba empezando a traducir al español los textos de Bert Hellinger que estaban teniendo mucha resonancia en los países anglosajones. Me pregunta si me interesaba saber de qué se trataban. Leerlo fue una conmoción. Hacía rato que no leía algo que fuera tan al grano, que hablara de dinámicas de repetir destinos,  “yo te sigo hasta la muerte”, “yo enfermo por tí”, cosas que uno intuía pero que nadie había dicho tan claramente. Poco tiempo atrás, había muerto la ex mujer de un amigo, a la misma edad que su madre y dejando una hija que tenia la misma edad que ella cuando su madre partió. Esto pueden ser casualidades pero hay una cierta atracción a repetir destinos. Hellinger hablaba de ésto y a mí me interesó mucho. Así fue que invité a Hellinger a España.

Buda y San Agustín

-En el prólogo de tu libro “La Buena Vida” decís “saber perder ganándose a sí mismo y saber ganar sin perderse”. ¿A qué te referís con eso?

El primer postulado de Buda dice que el sufrimiento es inevitable. En cualquier momento, la vida te quita algo, algo que quieres no va a suceder. Él decía que estar cerca de lo que no quieres es sufrimiento, como estar lejos de lo que quieres. A mí no me gusta perder pero mi padre murió hace unos meses. Perder es una parte de la danza de la vida, una danza donde bailamos entre la vida y la muerte. La muerte no sólo es nuestra muerte sino que simboliza aquello que termina. Dado que constantemente están terminando cosas, deberíamos desarrollar mejor el arte de despedirnos de ellas para que cuando llegue el momento final, estar ligeros. Lo que veo en mis talleres, es que es más habitual que vengan los que perdieron que los que ganaron. Los que están “agradablemente perdidos en sus ganancias” vienen a terapia cuando aparece un vacío o la vida no les devuelve una imagen que quieren a pesar de todo lo que lograron. Cuando les preguntas «y tú, ¿quién eres?», te responden yo soy el presidente de, el padre feliz o la campeona del sufrimiento. Estamos tan identificados con lo visible, con el lenguaje que nos toca llevar, que a veces creemos que somos este traje. Pero son trampas, vehículos.

Saber perder, saber ganar

San Agustín decía que la felicidad consiste en saber tomar con alegría lo que la vida nos da  y saber soltar con alegría lo que la vida nos quita.

Esto significa no identificarnos con el traje que nos toca representar, con nuestras tenencias -tener o ser- sino con algo que late con más profundidad que es el ser. Si me preguntas ¿quién eres?, la respuesta espiritual sería quizás el silencio o sería “Yo Soy”. A veces nos perdemos en nuestros logros porque nos identificamos con ellos desconectándonos de que todo pasa. Buda decía “todo es impermanente”. La vida es pérdida, el marido de 20 años ya no quiere seguir conmigo, mi esposa se enferma, muere mi madre, el hijo que deseaba no nació…

La tarea para todos es no quedarnos perdidos en la pérdida. La mayoría de las personas no vive en el presente ni orientada al futuro sino con su energía puesta en algo del pasado que no conseguió resolver y generalmente esto que no resolvimos, es una pérdida.

Hasta una pérdida en mi dignidad, un abuso cuando era niño. O cosas que sucedieron con nuestros padres y hubiéramos querido que fueran distintas.

Ganarse en nuestras pérdidas significa mirarlas, trabajar con las heridas para volver a la orilla de la vida y no quedarse en la orilla del sufrimiento.

Debemos hacer el trabajo emocional, llegar a un lugar donde las lágrimas se derramen de modo natural y luego naturalmente sentir la apertura y la alegría de vivir de nuevo, más allá de lo que pasó.

¿Qué es el perdón?

¿Cuándo hablas de pérdidas también hablás del perdón?

-¿Qué significa el perdón? ¿Qué experiencia interna evoca el perdón? Si el perdón me hace evocar la experiencia de que yo tengo derecho a juzgar, castigar y perdonar, y me elevo por encima de tí, entonces el perdón es una complicación relacional y psicológica. Si el perdón es una apertura de corazón, una rendición, una alianza con aquello que sucedió aunque te lastimara, entonces es verdadero perdón. Nietzche decía que deberíamos renunciar a que algo hubiera podido ser distinto a cómo es, mirar a las cosas a la cara y aceptar el proceso emocional que exige. Perdón es amor en acción. Perdón es saber caer en la balsa del dolor y estar de acuerdo que a uno le toca nadar en estas aguas un tiempo. 

«No perdono a mis padres…»

Mucha gente encuentra impulso de futuro a partir del resentimiento: “no perdono a mi padre” pero las energías que no provienen de la integración de lo que sucedió, confieren una falsa fuerza. Uno nunca está bien plantado en la vida así, cuando su energía surge del resentimiento, del victimismo, desde el perfeccionismo. Lo que logran todas estas posiciones es hacer sufrir a los demás. Vamos a la pareja con nuestras heridas infantiles, entonces yo me pongo de víctima y tú de salvadora, y se empiezan a bailar juegos. Por eso es importante no perderse en las heridas, en las pérdidas, lograr el proceso para un verdadero perdón que sería amor a lo que fue.

Tomar a los padres

-¿Qué significa “tomar a nuestros padres”? ¿Cuáles serían las consecuencias de “no tomarlos” en la vida en general y en la pareja en particular?

Yo me siento en camino de tomar a mis padres (risas).

Tomar a los padres significa tomar la vida tal como es porque los padres simbolizan la vida, la luz y la sombra, la entrega a la sexualidad y el pavor a la muerte, todo está concentrado en los padres.

Es tomarnos un tiempo para revisar qué pasó, quién soy yo respecto a ellos, qué me pasa, qué siento. Tomar a los padres no necesariamente significa experimentar un amor emocional hacia ellos. Cuando ocurre es maravilloso y es el mejor escenario posible pero hay personas que no logran sentirlo. Imagínate a una criatura que recibió golpes de su madre, éstos se alojan como traumas en su cuerpo. Luego de adulto puede comprender, hasta perdonar, pero es posible que no sienta un amor expansivo por su madre pero sí puede sentir un amor existencial, un amor-asentimiento, un amor que dice así lo tomo, así estoy de acuerdo. Así es que tomar a los padres tiene una parte de alegría y una parte de rendición, de humildad. 

Tomar la vida en serio

-¿Cómo se nota que hemos tomado a los padres?

-Pues somos menos proclives a jugar juegos psicológicos con los demás, nos respetamos y respetamos a los demás, miramos con gusto a la vida. Cuidas de tí y de la gente que quieres, tomas en serio la vida. Es lo que los padres quieren para sus hijos, que te orientes hacia el bienestar, a dar lo que tienes, buscar la felicidad. Honrar lo recibido significa, me lo dieron, lo traspaso, cuido de la vida. No es necesario tener hijos; puedo cuidar de un perro o de una planta; tener un trabajo donde pueda expandirme. Muchos se enojan y me dicen “¿tengo que tomar las monedas que mis padres me dieron, con todo lo que me hicieron? Yo les contesto, ¿se te ocurre una idea mejor? ¿Quieres una cirugía cerebral para que el pasado desaparezca? Eso es lo bonito, que podemos manejar cómo permitimos que las cosas que ya pasaron nos manejen. Dentro de todos hubo o sigue existiendo un niño tiránico y profético, un niño que fue herido y tomó una posición, de invisible, quejoso, demandante, exigente, vengador. Son posiciones que nos ayudaron a defendernos del dolor que experimentamos con lo que nos encontramos con nuestros padres pero luego tenemos 50 años y este niño sigue activo ahí adentro y nos tiraniza. Es profético porque profetiza que el futuro tiene que parecerse al pasado.

Hay una lealtad invisible a aquello que ocurrió con los padres. Si uno de niño tomó un lugar de invisible, uno va por la vida, sin relaciones sociales, sin querer involucrarse. Esta es su profecía, no va a involucrarse en relaciones porque éstas le pueden dañar o complicar la vida. Tomar a los padres, es que este niño no sea tan tiránico. Si uno tiene la tendencia a salvar a los demás, entonces que se haga terapeuta.

Fidelidades familiares

En “El Buen amor de la pareja” mencionás a una mujer que quería pero no podía tener pareja porque tenía una fidelidad inconsciente con su abuela que estaba muy enojada con su marido. ¿Cómo nos volvemos conscientes de las fidelidades familiares que tenemos con nuestros antepasados?

Todos tenemos zonas del magma familiar que no quedaron resueltas y a las que cuesta acceder. Para acceder a ellas, yo conozco el camino de las terapias, del cuerpo, de las constelaciones. A veces hay cosas muy antiguas o incompresibles donde las constelaciones arrojan luz. En otras, el cuerpo guarda memorias de nuestra biografía y de las anteriores y avisa. A veces, los sueños. Estamos muy asistidos, hay cosas que trabajan para nosotros pero nos tienen que agarrar un poco despiertos. Hace unos meses, conocí un hombre en una radio con el que empaticé rápidamente. Él me contó que cuando era niño, tenía una relación muy ambivalente con el padre; le tenía miedo porque era muy autoritario y admiración al mismo tiempo. El día que su padre murió, él tuvo un sueño. Soñó que era un niño de 3 años y que estaba ciego. Su padre se acercaba y le decía que él podía ver, que abra los ojos. Cuando despertó, sintió que ese sueño fue una reconciliación y entró en paz con su padre. Al instante, lo llamaron por teléfono para avisarle que su padre acababa de fallecer. Puede ser casualidad pero es fácil imaginar que hay una Sabiduría que trabaja para que todo pueda ser comprendido, sanado. No es tan difícil aclarar las cosas cuando sentimos que queremos hacerlo, que abrimos espacios para la comprensión y para poner a la luz de dónde venimos. En el ejemplo que pusiste, la nieta es una mujer que tiene “sentimientos adoptados”. La abuela estaba muy enfadada con su marido pues él tenía otra pareja y otra familia. Ella había reprimido su sentir entonces la emoción fue a parar a su nieta. En la constelación, la nieta pudo ver conscientemente cómo estaba identificada con la abuela. Al finalizarla, recordó que cuando era niña, su abuela le decía: “el mejor hombre, ahorcado”. Cuando arrojamos luz en todo esto,  no es que se acaben los problemas, sino estamos más equipados, mejor con nosotros, este es el logro.

Despedida

-¿A qué te referis con que el “perdón no es bueno”?

En una pareja, entre amigos, somos pares. Para evitar la desigualdad, debemos evitar que uno se ponga arriba del otro. Si tú me dañas, entonces, para mantenernos en el mismo nivel, trato de lastimarte pero un poquito menos pues si te lastimara más, estoy descuidando el amor que hay entre nosotros. Es una idea extraña, con las que muchos no están de acuerdo pero lo que veo es que la mayoría de la gente sana, la experimenta espontáneamente. Los niños lo hacen; si tú me empujas, yo te empujo. Es una idea de justicia para evitar los desequilibrios en la igualdad.

-¿Qué es la “deslealtad feliz”?

-A veces no les va bien a los que queremos, un hermano puede tener un destino difícil. ¿Vamos a ser infelices por lealtad o vamos a ser felices para que ellos tengan un modelo de felicidad?. Es una lucha interior siempre, o practicamos la lealtad infeliz o la deslealtad feliz. ¡A vivir!

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