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La magia de definir los incentivos correctos

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¿Qué nos lleva a producir bienes o servicios de valor para la sociedad en la que vivimos?. ¿Cuáles son los incentivos que nos mueven a salir de nuestra zona de confort, invertir nuestro tiempo, superar nuestras frustraciones ante los fracasos y seguir investigando para innovar?

Los incentivos correctos

Resulta fructífero preguntarse para qué uno hace lo que hace. El tiempo es un recurso que no se recupera. ¿Cómo elegimos qué hacer en nuestro tiempo finito?. Siempre resulta imprescindible tener los incentivos correctos que nos permitan mantenernos en un estado de ánimo con resultados productivos.

Si los que se esfuerzan, estudian, trabajan, ayudan, ahorran e invierten, perciben que no tiene sentido hacer lo que hacen porque no reciben una recompensa que los reconforte, es probable que dejen de innovar, de producir, de esforzarse, de aportar. Un salario o un honorario paga un monto de dinero, pero no necesariamente motiva a quienes hacen las tareas.

El incentivo de saber que lo que hacemos es importante 

En su libro «Previsiblemente Irracional», Dan Ariely sostiene que es lógico pensar que existe una relación directa entre un incentivo económico y nuestro rendimiento laboral, sólo que no es cierto.

Entre varios de sus experimentos para demostrar su teoría, Ariely narra aquel de los legos. A un grupo de personas le dan piezas de encastre y les piden ensamblar castillos. Por cada obra terminada les ofrecen un pago de 10 dólares. Todos aceptan sin dudar y arman castillos hermosos. Cuando los terminan, los organizadores los desarman torpemente delante de ellos y les vuelven a pedir, siempre por 10 dólares por cada pieza, armar algo nuevo. Al ver que nadie valora sus diseños, las personas dejan de producir cosas interesantes, hasta llegar finalmente a entregar figuras sin sentido. La mayoría va desistiendo de la tarea; tienen la paga, pero no la motivación para seguir.

Con otro grupo, se modifica el proceso: les dan los legos y les pagan 7 dólares por cada castillo armado. A medida que los organizadores reciben las obras, las colocan en vitrinas con el nombre de cada participante y las exponen para que se luzcan. Ante la oferta de seguir, incluso por un monto menor, la mayoría acepta con placer y se arman figuras cada vez más interesantes. Estas personas están motivadas, aunque no bien pagas.

¿Conclusión? El dinero no es suficiente; es muy importante saber que el fruto de nuestro esfuerzo es útil o hace feliz a alguien. Esto nos hace sentir que «trascendemos». Cuando nuestro esfuerzo no es valorado, aunque nos paguen un salario solamente percibimos que «subsistimos». Que se valore el esfuerzo es lo que se llama tener los incentivos correctos.

El incentivo de percibir el fruto de tu esfuerzo

En su libro Por qué fracasan las naciones, Daron Acemoglu y James A. Robinson sostienen que «las sociedades con instituciones políticas que concentran el poder en manos de unos pocos rara vez sobresalen en innovación y crecimiento», debido a que los innovadores no tienen ninguna garantía de poder quedarse con el fruto de sus esfuerzos.

El incentivo que genera el sentimiento de pertenencia

En La lógica oculta de la vida, Tim Hardford busca diferenciar por qué en un barrio pobre las calles están sucias, se hace difícil caminar por las veredas, no hay señales para cruzar sus vías y, además, desde los medios públicos de transporte se maltrata a los habitantes. En cambio, en los barrios más pudientes está todo perfectamente señalizado y en funcionamiento, las veredas están muy limpias y lisas y en los transportes públicos te sonríen.

Una respuesta simple sería: es por la educación de su gente. Sin embargo, la mayoría de quienes trabajan y transitan los barrios comerciales lindos son personas que viven en los barrios más desordenados. Entre los que limpian, los empleados de seguridad y los que piden trabajo, la mayoría no ensucia nada y son muy prolijos y educados, incluyendo al chofer del transporte público. Pero no es así donde esas personas viven, donde parecería que no interesa el cuidado del barrio.

La segunda respuesta sería: es por los contactos políticos, ya que hacen que se cuide más un barrio de gente influyente que los otros. Pero, en realidad, ambos barrios tienen el mismo intendente y se destina mucho más dinero a los barrios humildes. Una tercera respuesta sería: tiene que ver con el sentido de pertenencia, unos viven y se sienten dueños de un lugar en el que planean vivir mucho tiempo y se identifican con «su» lugar. En cambio, los que habitan un barrio descuidado, planean salir de ahí; no se genera pertenencia ni identificación. El incentivo es trabajar y progresar para salir de ahí. Tener pertenencia con un lugar, un espacio, un tiempo, es tener el incentivo correcto.

No sólo por la plata baila el mono…

No todo es dinero, entonces. Que valoren nuestro trabajo, trascender siendo útiles o haciendo a otros felices, percibir el fruto de lo que hacemos y pertenecer a un sistema propio son incentivos necesarios para generar un estado de ánimo que nos posibilite crear, innovar y producir.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/economia/tener-los-incentivos-correctos-en-la-economia-y-en-la-vida-nid2315631

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