La Red Coaching
Todo el panorama mundial del Coaching

La neurobiología de los celos ¿Qué nos pasa cuando somos celosos?

0 30

Recibe notificaciones en tiempo real de La Red Coaching

La neurobiología de los celos nos dice que estamos ante un tipo de emoción potecialmente peligrosa. Es más, se sabe incluso que el cerebro masculino puede (en ocasiones) presentar reacciones más intensas. En estos casos, la experiencia de los celos se combina con la testosterona, para aumentar el cortisol (hormona del estrés) hasta hacer mucho más incontrolable esta sensación.

Todos nosotros, en mayor o menor medida, hemos sentido este tipo de realidad psicológica. Es más, en el 2014, estudios como los llevados a cabo por las doctoras Christine Harris y Caroline Prouvost, nos demostraron que incluso los animales experimentan celos a muy a menudo. Los perros, por ejemplo, llegan a sentirlos cuando ven a sus dueños prestar atención y afecto a otros individuos.

Asimismo, ha podido verse que los monos tití y hasta los peces ángel sufren esta emoción cuando ven que sus parejas se van con otros individuos de su especie.

Los celos dan forma a esa sensación que surge cuando alguien intenta quedarse con algo que sentimos como propio. Es también esa experiencia desafiante cuando interpretamos que se está vulnerando nuestro autoconcepto.

Ahora bien, hay un aspecto que diferencia a las personas de los animales. Mientras ellos responden a estímulos reales y concretos (un perro puede sentirse molesto cuando ve a su dueño acariciar a un cachorro), las personas reaccionamos la mayor parte de las veces a estímulos imaginarios.

A veces, la mente es nuestra peor enemiga, ella es quien orquesta sospechas donde no hay datos reales y específicos. El cerebro, por su parte, no duda en desencadenar una reacción fisiológica en consonancia a esa emoción, la cual, en ocasiones, puede llevarnos a generar conductas poco acertadas.

“En los celos hay más amor propio que amor”.

-François de La Rochefoucauld-

La neurobiología de los celos ¿en qué consiste?

Escribía Shakespeare en su obra Othelo que “el celoso no lo es por un motivo: lo es porque lo es. Porque los celos son como un monstruo engendrado y nacido de sí mismo”.

Este acertado comentario encierra en sí mismo una verdad evidente. El celoso no siempre necesita un desencadenante real para liberar esta emoción. Es más, la neurobiología de los celos nos dice que la personalidad determina en muchos casos esta dimensión.

Por otro lado, expertos en el tema consideran que los celos son en realidad un tipo de emoción secundaria.

Surge como respuesta a emociones primarias como el miedo o la ira. Cuando la persona opina que alguien intenta arrebatarle algo que es suyo o que le define, surge cuál violento resorte este impulso, esta respuesta intensa que además, suele ser muy diferente entre hombres y mujeres.

Veamos más datos a continuación.

Los celos según el género

La neurobiología de los celos nos dice que por lo general, las mujeres se preocupan y experimentan celos solo con pensar en la infidelidad emocional de sus parejas. Los hombres, por su parte, ponen su atención en la infidelidad física.

Ahora bien, en el 2017 la revista «Frontiers in Ecology and Evolution» nos aportó otra información interesante. Según este estudio llevado a cabo por la doctora Karen Bales, de la Universidad de California, se ha visto que en los primates macho, los celos son algo común y evidente cuando ven que las hembras de su grupo se van con otro macho.
Como directora del laboratorio de psicología comparada de esta universidad, quiso profundizar un poco más en la neurobiología de los celos también en humanos.

Algo que pudo verse es que aparece una activación en la corteza cingulada, un área del cerebral asociada con “dolor social”. Es decir, a la sensación de aislamiento, abandono, traición, miedo o desamparo.
Los hombres evidenciaban a su vez esta emoción de manera más intensa. Se observó que a mayor concentración de testosterona más aumentaba el nivel de cortisol en sangre.
Esta combinación podía dar forma, en algunos casos, a conductas violentas.

Los celos cumplieron en el pasado un fin adaptativo
En el libro The Dangerous Passion, el psicólogo evolucionista David Buss, nos señala que los celos tienen una función adaptativa: defender nuestros intereses. Así, en el pasado, la aparición de otros individuos en el grupo social podía suponer una amenaza. Expulsar a otros competidores aseguraba, entre otras cosas, la supervivencia de esa pequeña comunidad.

Así, dentro de la neurobiología de los celos nos señalan que es necesario entender un aspecto. En ese pasado remoto de nuestra especie, los celos eran a menudo el desencadenante en muchas conductas violentas. Aseguraba la supervivencia, pero a costa de muertes y agresiones. No podemos olvidar que esta emoción, a diferencia de la envidia, evidencia una realidad: el miedo a perder algo. Y ese miedo puede desencadenar respuestas desmesuradas.

Tal y como nos señala Ralph Hupka, profesor de psicología, Emérito de la Universidad Estatal de California, los celos son una emoción anticipada. Buscan prevenir la pérdida. De ahí, que a menudo se recurra a conductas poco adecuadas para evitar ese desenlace.

Así, en el seno de las relaciones afectivas, es común que alguno de los miembros responda con ira hacia esa pareja que (a su parecer) puede o no estar cometiendo una infidelidad. En la actualidad, los celos, carecen de esa utilidad que, supuestamente, pudo tener en el pasado.

A día de hoy son el resquicio de una mente primitiva que veta la convivencia, que trasforma el amor en apego, y la relación, en un escenario donde solo crece la desconfianza y el malestar.

Tal y como nos señaló Theodor Adorno, el comportamiento celoso es el resultado de una mente con una estructura cognitiva mal elaborada, regida por la inseguridad y la baja autoestima. Pensemos en ello.

Fuente: https://lamenteesmaravillosa.com/la-neurobiologia-de-los-celos-anatomia-de-una-emocion-peligrosa/

Publicidad

Recibe notificaciones en tiempo real de La Red Coaching

Publicidad