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Las competencias profesionales del Coach Ontológico, 1ra entrega.

Lic. Oscar Anzorena | MCP, PCC, MCOA
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Partimos de la base de que la profesión del Coaching Ontológico se sustenta en tres grandes pilares que se relacionan e interconectan entre sí: el marco conceptual, las características de la práctica profesional y las competencias profesionales que se requieren para desempeñar dicha práctica.

El primer pilar, el marco conceptual que le da sustento a nuestra profesión, implica la visión que tenemos acerca del ser humano. El posicionamiento que adoptamos frente a la problemática del acontecer y el devenir humano, su capacidad de acción, sus posibilidades de aprendizaje y transformación, sus dominios constitutivos como persona y su enfoque ético entre otros aspectos constituyen la base del modelo conceptual y, por lo tanto, condicionan profundamente la capacidad de acción y el estilo de intervención del coach. Las posibilidades y los límites que tiene toda disciplina profesional están respaldados y a su vez delimitados por su base conceptual, filosófica y ética. Cuanto más profunda y sólida es esta base, más se potencian las posibilidades del despliegue operativo de la práctica profesional.

De este enfoque conceptual se deriva el segundo pilar: la particular manera de entender y llevar a la práctica el quehacer profesional basado en distinciones, procesos y técnicas específicas. A su vez, esta especificidad de la práctica del Coaching Ontológico lleva implícito el tercer pilar, es decir, el hecho de que el coach debe adquirir y desarrollar un conjunto de competencias que le posibiliten llevar a cabo su práctica profesional en forma efectiva. El presente artículo se plantea incursionar en el análisis de estas competencias profesionales que debemos incorporar y entrenar los coaches ontológico.

Cabe aclarar que, si bien desarrollaremos el tema de las competencias profesionales desde nuestra particular mirada y en base a nuestra experiencia[1], tomaremos como referencia el “Modelo de las 7 Competencias del Coach Ontológico Profesional” desarrollado por la Asociación Argentina de Coaching Ontológico Profesional (AACOP) y “Las 11 Competencias Claves del Coaching Profesional” de la International Coaching Federation (ICF).

Antes de introducirnos de lleno en el tema planteado es importante aclarar que el orden en que vamos a desarrollar las competencias no implica ningún juicio de prioridad, ni supone que alguna puede ser más importante que otra. De hecho, lo que sucede en la práctica es que la mayoría de las competencias están relacionadas entre sí y establecen un profundo vínculo de interdependencia, de manera tal que para llevar a cabo alguna de ellas en forma efectiva, es necesario que lo mismo ocurra simultáneamente con otras competencias. Por ejemplo, para indagar y realizar preguntas que posibiliten el cambio de observador, es necesario saber escuchar en profundidad y poder distinguir en el relato del coachee los hechos de sus interpretaciones, como así también es preciso desarrollar un profundo vínculo de confianza que genere la apertura y la entrega del coachee al proceso de coaching. A su vez, para generar este vínculo de confianza es menester que el coach desempeñe otras competencias y así sucesivamente. En esta interacción el coach va enhebrando un conjunto de acciones absolutamente relacionadas entre sí y va co-construyendo el proceso del Coaching Ontológico.

A continuación desarrollaremos las siguientes competencias:

  1. La construcción del vínculo de coaching.
  2. Tener presencia y conciencia plena en la sesión de coaching.
  3. Desempeñar el rol de coach con fluidez y creatividad.
  4. Percibir y acompañar el proceso emocional.
  5. Escuchar con apertura y profundidad.
  6. Indagar con maestría.
  7. Hablar de manera clara y asertiva.
  8. Guiar y facilitar el cambio de observación.
  9. Facilitar el diseño de acciones y el compromiso con la acción.
  10. Construir el proceso de aprendizaje transformacional.
  11.  Actuar desde la ética del “ser coach”.

 

1ra. Competencia: «La construcción del vínculo de coaching»

El tipo de vínculo que establece el coach con su coachee es un elemento distintivo de la práctica del Coaching Ontológico, a punto tal que sostenemos que el vínculo no es sólo un “medio” para que pueda transcurrir el proceso, sino que es parte central de la intervención que realiza el coach.

El vínculo que construye el coach con su coachee es parte de la explicación del poder transformador del Coaching Ontológico. Se trata de un tipo particular de relación en donde la maestría del coach se manifiesta en su capacidad de construir un espacio ético emocional: un contexto de libertad, respeto, confianza y compromiso mutuo en donde sea factible que se produzca el proceso de aprendizaje y cambio.

En este poderoso vínculo se establece una relación horizontal, de igual a igual, en donde el coachee le confiere autoridad al coach pero no le otorga una asimetría de poder. Ambos están en el mismo nivel, son co-autores, socios involucrados en el proceso, aunque con distintos roles y responsabilidades.

Crear una relación de confianza

La emocionalidad distintiva del vínculo de coaching es la mutua confianza. Sentimos confianza cuando consideramos que no hay nada de qué preocuparnos, cuando poseemos una expectativa positiva sobre lo que puede llegar a acontecer y esto nos genera una sensación de seguridad. El estado de ánimo de la confianza surge ante una interpretación de un futuro que nos parece previsible y tranquilizador. Cuando decimos que tenemos confianza en una persona, lo que estamos diciendo es que poseemos un alto nivel de seguridad con respecto a su conducta futura. Confiamos en que es muy probable que haga determinadas cosas y que no haga otras. La emocionalidad de la confianza siempre supone un juicio sobre el futuro y es por esto que condiciona tan fuertemente nuestros comportamientos. La competencia de la ICF “Establecer confianza y cercanía con el cliente” está descripta como: “La habilidad para crear un ambiente seguro y de apoyo que genere confianza y respeto mutuos durante todo el proceso”.

Analicemos cuáles son las acciones que debe realizar el coach en este proceso de construcción de confianza:

  • Autenticidad e integridad

El coach establece el vínculo con el coachee desde una actitud de apertura personal, se muestra tal cual es y no adopta ningún tipo de pose ni estereotipo profesional. Demuestra de manera consistente su integridad, su honestidad y sinceridad. En tal sentido expresa una coherencia entre lo que piensa y lo que dice, una congruencia entre su mundo interno y externo. Si considera que puede ser útil al proceso de desarrollo del coachee, está dispuesto a compartir su propia experiencia y las dificultades superadas en su camino de crecimiento personal.

  • Compromiso con el proceso

El coach expresa en todo momento su profundo compromiso con el proceso de coaching y con acompañar al coachee a alcanzar los resultados con los que está comprometido a lograr. En tal sentido, demuestra con sus comportamientos su interés genuino por el bienestar y por el futuro del coachee.

El coach manifiesta su confianza en los recursos y en la potencialidad del coachee, y no sólo le provee apoyo permanente, sino que también lo anima y lo desafía a realizar acciones coherentes con el logro de sus objetivos y a asumir nuevos comportamientos, incluso aquellos que le generan temor porque le implican salir de su “zona de confort”. El coach le demuestra y le transmite al coachee su incondicional confianza, en la convicción de que esto retroalimenta la confianza del coachee en sí mismo y en el proceso que están compartiendo.

  • Idoneidad

El coach da pruebas de su idoneidad y demuestra sus competencias profesionales al guiar el proceso de coaching en forma efectiva. En este proceso se va construyendo la confianza que posibilita que el coachee le otorgue la autoridad necesaria para conducir el proceso de coaching.

El coach es honesto con sus propias limitaciones y tiene conciencia hasta dónde puede acompañar al coachee. Si considera que cometió un error, no tiene problema en plantearlo en forma directa y conversarlo con el coachee.

  • Previsibilidad

El coach va construyendo confianza en su vínculo con el coachee a través de acciones que demuestran previsibilidad, ya que a lo largo del tiempo expresa un comportamiento que coincide inexorablemente con las pautas establecidas, con los valores declarados y con los compromisos contraídos. Establece acuerdos claros y mantiene sus promesas. Siempre existe una coherencia entre lo que dice y lo que hace.

Cuando en el proceso de una sesión de coaching surge un aspecto significativo que no estaba contemplado en el acuerdo establecido, el coach consulta con el coachee si está de acuerdo en reformular el acuerdo y encarar este nuevo aspecto. En el mismo sentido, el coach antes de explorar en áreas nuevas y sensibles, le pregunta al coachee si está dispuesto a introducirse por ese camino.

  • Aceptación incondicional

El coach ontológico establece un vínculo profesional basado en el valor de la ética del respeto mutuo y en tal sentido expresa una profunda aceptación por la forma de ser, las ideas, el estilo de aprendizaje y los valores del coachee. Esta actitud de respeto y aceptación incondicional por parte del coach, posibilita la apertura del coachee y que éste se exprese libremente sin el temor a ser juzgado.

Este espacio de seguridad y tranquilidad le permite al coachee hablar con sinceridad de cualquier tema, expresar sus puntos de vista, compartir sus dudas y manifestar su emoción, en la convicción de que siempre encontrará en su coach la mayor comprensión y apertura posible, y nunca tendrá ningún tipo de juicio moral acerca de sus conductas ni sobre las decisiones que decida adoptar.

La aceptación incondicional y la confianza transmitida por el coach muchas veces se transforman en el elemento esencial para que el coachee aumente la autoconfianza y mejore su propia valoración, aspectos centrales para asumir riesgos y vencer la incertidumbre que puede generar un proceso de transformación. Rafael Echeverría[2] sostiene que: “El poder de la interacción de coaching descansa en su positividad emocional. Ella es la clave de los resultados exitosos y estables de la interacción. (…) Para entrar en una disposición que le permita avanzar hacia la transformación, el coachee debe sentirse respetado, aceptado, es más, apreciado y querido por su coach.

Generar un contexto de aprendizaje

La declaración del “quiebre” lleva implícita la opinión de que existe una brecha de efectividad entre lo que el coachee quiere obtener y lo que está logrando, y por otro lado supone el juicio de que desde sus comportamientos habituales no se está pudiendo hacer cargo de manera efectiva. Es decir, que muchas veces el proceso de coaching pone en cuestión las formas habituales de interpretar y de actuar del coachee.

Un hábito implica que hemos adquirido una forma determinada de hacer las cosas y que las realizamos en forma automática con la mayor efectividad y el menor esfuerzo. Estos hábitos ejercen una gran influencia en nuestro accionar ya que son comportamientos que efectuamos en forma impensada. Es por esto que cuando realizamos una acción habitual decimos que “actuamos en transparencia”, ya que nuestro accionar resulta invisible a nuestra observación.

En estos casos las preguntas que surgen son: ¿cómo cambiar un comportamiento habitual cuando se transforma en disfuncional?, ¿cómo desarmar esa competencia arraigada en nuestra forma de ser y legitimada por su accionar efectivo en innumerables oportunidades?, ¿cómo emerger de los profundos surcos de nuestros hábitos inconscientes?

Modificar estos hábitos no es una tarea sencilla. Desde esta perspectiva podríamos decir que el proceso de coaching, más que un proceso de aprendizaje muchas veces es un proceso de “reaprendizaje”, ya que cambiar un hábito, transformar una manera habitual de pensar y de actuar, implica realizar dos movimientos de aprendizaje simultáneos: desaprender y reaprender.

Al tomar conciencia de que un determinado hábito nos es disfuncional, tenemos la posibilidad de decidir cambiarlo o transformarlo. Desaprender un comportamiento que realizamos cotidianamente en “piloto automático” implica una ruptura de nuestro accionar habitual y, por lo tanto, supone actuar saliendo de la “transparencia”, poniendo atención y conciencia en la realización de nuestros comportamientos. Supone declararnos aprendices y emprender el reaprendizaje que nos posibilite producir un cambio de conducta a los efectos de recuperar nuestro accionar efectivo.

Uno de los roles centrales del coach es generar la emocionalidad funcional para el logro de este proceso de reaprendizaje. El coach debe crear el contexto donde exista el permiso al error y a la experimentación. Desde su compromiso con el proceso de aprendizaje el coachee debe reflexionar y tomar conciencia acerca de sus conductas habituales, sin sentir ningún tipo de crítica ni censura. Cuando esto se produce, los resultados se potencian y el aprendizaje se realiza en un clima de optimismo y tranquilidad que facilita el proceso.  En tal sentido, la Competencia de la AACOP: “Generación de contexto de confianza y aceptación” está descripta como: “La capacidad de generar el encuentro adecuado, para habilitar un espacio de apertura y flexibilidad que facilite el aprendizaje ontológico que el coachee desee”.

El Coaching Ontológico parte de la base de que todo aprendizaje que implique cambios de un comportamiento habitual no puede ser realizado en forma exclusiva por procesos cognitivos, sino que debe encararse de manera integral, abarcando los aspectos emocionales y corporales del aprendizaje. Las personas aprenden cuando entran en contacto directo con sus propias experiencias y vivencias, pudiendo de este modo reflexionar sobre su actuar, sus estilos y formas de relacionarse. Es por esto que el coach debe generar las dinámicas que posibiliten que el coachee pueda “darse cuenta” de cómo hace lo que hace, ya que esto constituye la puerta de entrada al proceso de aprendizaje y cambio.

Fin de la primera entrega.

Autor: Lic. Oscar Anzorena |  MCP de la AACOP, MCOA de la FICOP

 

[1]  Anzorena Oscar, “Teoría y práctica del Coaching Ontológico Profesional”, Ed. LEA, 2016

[2]  Echeverría Rafael, Ética y Coaching Ontológico”, Granica, 2011

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