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Postura corporal | Lo que nuestro cuerpo dice de nosotros

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Nuestra postura corporal es un rasgo personal que nos caracteriza tanto como nuestro tono de voz o nuestro carácter. Cada individuo tiene una forma particular de controlar su cuerpo cuando está sentado, de pie o caminando. ¿Cuál es tu postura corporal? ¿Qué dice tu cuerpo y cuánto impacta en tu conversación con otro?

Nuestra postura habla de nuestro pasado, de nuestras emociones y de la actitud con la que miramos al futuro. La psicóloga norteamericana Flora Davis, en su libro “La comunicación no verbal” señala cuánto la postura corporal de una persona nos habla de sí. «La sola posición de sus hombros nos da la pauta de las penurias sufridas, de su furia contenida o de una personalidad tímida».

Por ejemplo, cuando una mujer atraviesa un largo período depresivo, su cuerpo se descontrola, los hombros se encorvan bajo el peso de sus problemas. Tal vez desaparece el motivo de su depresión pero la postura se mantiene igual, puesto que algunos músculos se han acortado, otros se han estirado y se ha formado un nuevo tejido conjuntivo. Debido a que su cuerpo aún continúa agobiado, sigue sintiéndose deprimida. Es posible sin embargo, que si su cuerpo pudiera redisciplinarse y volver a un equilibrio adecuado, mejorarían también sus condiciones psíquicas. Estas teorías forman parte de la Medicina Psicosomática, que señala que el estado del cuerpo afecta al de la mente y viceversa.

¿Qué dice de nosotros nuestra postura corporal?

Para Davis, la postura corporal es tan distintiva que la mayoría de nosotros somos capaces de reconocer a nuestros amigos, aún a gran distancia, por la forma que tienen de caminar o tan sólo por la manera de pararse.

Nuestro entorno familiar y cultural condicionan la forma en la que nos movemos y las posturas que nuestro cuerpo adopta. Hombres de diferentes culturas se mueven y paran de manera diferente.

Un cuerpo erguido y la frente alta hablan de una personalidad combativa predispuesta a dar batalla diaria a los problemas que se avecinen. Por el contrario, las personas con tendencia a encorvarse llevan consigo el impacto de más de una batalla perdida. Si una persona camina normalmente muy a prisa sugiere una personalidad dinámica, ansiosa por cumplir metas que se ha trazado. Si por el contrario, el individuo camina con pasos vacilantes, y no mantiene una relación recta al caminar, denota una personalidad errática, insegura y cansada por los embates que juzga ha recibido en la vida.

La postura corporal y la actitud frente al otro

La postura no es solamente una clave acerca del carácter; también es una expresión de la actitud. Nuestras poses revelan lo que sentimos en relación a las personas que nos rodean.

Cuando dos seres humanos se encuentran se comunican simultáneamente a muchos niveles, conscientes e inconscientes, y emplean para ello la mayoría de los sentidos: la vista, el oído, el tacto, el olfato.

Estar atentos a nuestro cuerpo y el de nuestro interlocutor puede darnos información de cómo estamos llevando adelante la conversación.

Si nuestro interlocutor cierra el puño mientras conversa con nosotros, podrá revelar tensión y nerviosismo. Si cruza sus brazos y oculta sus manos, inferiremos que no está dispuesto a comunicarse con apertura.

¿Cómo nos impacta el estudio de la postura corporal?

Existen en la actualidad muchos estudios en curso sobre el impacto de modificar la postura corporal en el tratamiento de patologías psicológicas. Se avecina también una tremenda explotación comercial. ¿Cómo entrenamos vendedores para que logren sus mejores expresiones faciales y descifren el lenguaje no verbal de su potencial comprador en pos de mejores ventas?. Actualmente, la observación de las expresiones faciales se usan como un elemento más de selección en las entrevistas de personal.

Postura corporal y coaching ontológico

Desde el coaching ontológico sostenemos que el ser humano es cuerpo, emoción y lenguaje y que estos tres componentes guardan una estrecha relación entre sí: cuando nos sentimos tristes, nuestro cuerpo adopta una actitud totalmente diferente a cuando nos sentimos entusiasmados y nuestro lenguaje no desentona en la sintonía de nuestra emoción-corporalidad.

Sostenemos que podemos intervenir en nuestro estado emocional, no sólo modificando los juicios que tenemos sobre las circunstancias sino también y al mismo tiempo, interviniendo en nuestra postura corporal. Si pretendemos, por ejemplo, sentirnos con más autoconfianza, será imprescindible pararnos con la cabeza erguida y con los hombros hacia atrás. La pregunta clave es ¿Cuál es la postura corporal que más se adecúa al siendo que queremos lograr?

Reconocer nuestras expresiones faciales y la disposición de nuestro cuerpo es un buen camino para el autoconocimiento, el aprendizaje y el diseño personal. Requiere entrenarnos, preguntarle al otro cómo nos ve. Practicar, practicar, practicar!

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