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¿No podés soltar el control? Entérate de algunos secretos para fluír más!

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Planificamos nuestro tiempo -y el de los demás- sin omitir detalle. Damos indicaciones a nuestros amigos, compañeros de trabajo, parejas, hijos porque «sabemos cómo hacer mejor las cosas». Nos preocupamos demasiado por lo que sucede a nuestro alrededor hasta el punto de que nos enfermamos cuando las cosas no salen como esperamos.

Pero, ¿de dónde nace la necesidad de controlarlo todo? ¿Por qué buscamos establecer determinados resultados antes de que estos ocurran?

Detrás de una persona que necesita controlar hay inseguridad y miedo, teme salirse del libreto de lo que le «funcionó en el pasado» y no confia en su capacidad ni en la capacidad de los demás de hacer las cosas de una forma diferente. Siente miedo a perder la capacidad de elección, a que los demás le hagan daño, a sacar al exterior conductas que el individuo considera inapropiadas o reprochables, a perder los papeles. Por tanto, existe una tensión de fondo, un estado de alerta continua. La necesidad de control se acompaña de la necesidad de dominar al otro o la situación. En el caso de que este dominio se perdiera, entonces la persona sentiría un profundo malestar, probablemente se sentiría inferior -en cualquiera de sus formas- incapaz, poco deseable, poco competitivo, débil. De tal modo que cuando no se controla una situación o persona/s se produce ansiedad, estrés, angustia, insomnio, ira.

Una persona que necesita controlar es crítica y exigente, tanto consigo mismo como con los demás, considera que el entorno es incapaz o tiene malas intenciones.

Los métodos utilizados para controlar son muy variados, y dependen de los objetivos y situaciones en los que uno se encuentre, el sentimiento de culpa provocado en otra persona para que haga lo que nosotros esperamos, el chantaje emocional, utilizar información que se posee del otro, los halagos, que pueden ser utilizados como una forma de controlar e influir en otros, haciendo que mantengan una predisposición positiva hacia nuestros deseos.

Dependencia y control están relacionados, cualquier persona que necesite controlar depende y condiciona sus actos a esta necesidad, evitando situaciones que puedan escapar a su control y al mismo tiempo buscara la dependencia de los demás en sus relaciones.

Se imposibilita, entonces, la actitud de innovar, de ser creativo, de sorprenderse ante las maravillas del devenir de la vida misma.

 

Cómo dejar de ser una persona controladora

  1. Perder el miedo al fracaso

La falta de seguridad en uno mismo nos lleva a realizar actividades repetitivas para hacernos sentir más seguros. Pero al centrarnos exclusivamente en estas, nos perderemos otras nuevas.

Una de las cosas que caracteriza a una persona controladora es el hecho de que diga a cada persona con la que se relaciona todo lo que tiene que hacer y cómo hacerlo. De esta forma la persona controladora siente que cae bien y que los demás quieren seguir permaneciendo a su lado porque le necesitan.

  1. Aceptar lo que está fuera de nuestro control y centrarnos en lo que sí podemos influir

Todos tenemos una serie de preocupaciones que rondan por nuestra mente, pero no podemos controlar todas.

Separa las que puedes tener bajo control y las que no. Las que puedes controlar están relacionadas con tu opinión, comportamientos o juicios, mientras que las otras tienen que ver con lo que piensan y hacen los demás, o con la naturaleza (huracán, terremoto, meteorología).

Por tanto, una buena práctica sería aceptar lo que está fuera de nuestro control y poner nuestra mirada y esfuerzo en aquello que sí podemos influir y cambiar. Lo demás debemos obviarlo porque por mucho que queramos, no vamos a poder cambiar nada.

  1. Analizar en qué momento aparece el miedo o ansiedad

Analiza en qué momento aparece el sentimiento de ansiedad, estrés o miedo y pregúntate por qué apareció y qué hubieras hecho si no hubiera aparecido.

  1. Aprender a gestionar los pensamientos negativos

No se trata de obviar nuestros pensamientos negativos y esconderlos, sino de aprender a manejarlos, intentar aprender de los errores y sacar de lo malo alguna oportunidad y nuevas alternativas.

  1. Delegar

Aprende a delegar tareas en otras personas. Querer hacerlo tú todo y convertirte en un jefe mandón y estresado al que ninguno de sus empleados le gusta ver por la oficina, no es recomendable para crear un buen clima de trabajo. Confía en tu equipo y deja todo fluir.

  1. Ser más flexible

Si quieres dejar de ser controlador, olvídate de planear tu día desde que te levantas hasta que te acuestas.

Sé flexible en tu horario y si surgen imprevistos personales, por qué no cedes y aplazas esa tarea pendiente para mañana a primera hora. Quizás esos cambios de última hora como puede ser acompañar a tu madre al médico, quedarte con tus sobrinos o quedar con un amigo que te necesita no te van a suponer un gran impacto y te van a hacer sentir mejor.

Fuente:

Fuente II:

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