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¿Y tú qué sabes?

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«Hay más cosas entre el cielo y la tierra, Horacio. Que las que sospecha tu filosofía.»

Hamlet, acto 1, Escena 5

¿Cuánto sabemos del universo, el mundo, la naturaleza? ¿Mucho, poquito, poquitísimo?
Wayne Hale, ingeniero de NASA, reflexiona en su blog sobre el estado de la ciencia y el porvenir.

«Nos gusta creer que sabemos todo, o casi todo. Pregúntenle a alquien de la calle y les responderá exactamente cómo funciona el mundo», señala en su blog Wayne Hale, un ingeniero de 55 años de la NASA que fue director de vuelo del transbordador espacial.

Lo que sigue es una traducción, no textual, no completa de sus reflexiones, que pueden leerse, en inglés, en su artículo «One tenth of one percent of anything». El título de la nota en este blog es una traducción del título con el que el hombre de NASA encabeza sus pensamientos online:

«…En la obra más profunda de Shakespeare hay varias afirmaciones notables acerca de quiénes somos y realmente cuánto sabemos. Horacio y Hamlet son estudiantes en la Universidad de Wittenberg. Horacio estudia filosofía natural, la «ciencia» de aquel tiempo. Como todos los buenos estudiantes del tema, cree que el universo está bien entendido y que conocemos nuestro lugar en él. Hamlet, en cambio, no está tan seguro.

En aquellos tiempos, el futuro era inimaginable. Pero una revolución se ocultaba, porque los «filósofos naturales» estaban descubriendo un poquito más acerca de cómo funciona el universo.

Copérnico y Kepler, sobre las observaciones de Tycho Brahe, encontraron que no somos el centro del universo, otros planetas orbitan alrededor del Sol, al igual que la Tierra. Esto mejoró el entendimiento del universo, junto con, quizás, una manzana caída de un árbol que inspiró a Newton a formular nuevas leyes de la ciencia. Leyes que se convirtieron en la base de una revolución social y tecnológica: la revolución industrial. Shakespeare, Hamlet, los antiguos Griegos y Romanos no podían imaginar las máquinas de vapor, los ferrocarriles y la industria que sobrevendría en las siguientes centurias.

En el medio de la revolución industrial, todos estaban seguros, como Horacio, que entendíamos perfectamente nuestro lugar en el cosmos y las leyes que gobiernan el universo. Pero William y Caroline Herschel realizaron increíbles observaciones que, nuevamente, cambiaron el entendimiento de lo que somos. Vivimos en una galaxia de estrellas, la Vía Láctea no es sólo una nube brillante, sino un universo isla. Herschel hizo más, al descubrir lo que ahora llamamos radiación infrarroja.

En el siglo XIX también seguíamos creyendo que sabíamos todo. Pero la radio, televisión y las aplicaciones de la electricidad eran imposibles de soñar. Sólo después de James Clerk Maxwell y luego de que su trabajo teórico se pusieran en funcionamiento que surgieron nuevas industrias que hasta entonces eran inconcebibles.

Poco después, Edwin Hubble comenzó sus observaciones con el telescopio Hooker en Monte Wilson y halló otras galaxias moviéndose a increíble velocidad. Paralelamente un empleado de la oficina de patentes de Suiza postuló nuevas leyes de la física. El siglo anterior nadie había imaginado la electrónica, la informática.

Ahora, por supuesto, creemos saber todo sobre el universo. Todas las leyes de la naturaleza fueron descubiertas y publicadas por Einstein, Maxwell y Newton. Todas las posibles industrias han sido inventadas. Quizás sea tiempo de cerrar la oficina de patentes.

Pero, un momento.
Con el telescopio Hubble se realizaron problemáticas observaciones, casi imposibles de entender. No sólo no somos el centro del universo. Ni siquiera sabemos qué es el universo. Sólo hemos visto el 5% del universo. La materia oscura y la energía oscura, ambas inobservadas, formarían el 95% del cosmos.

¿A dónde lleva esto? ¿Quién lo explicará? ¿Cuándo aparecerá el nuevo Newton, Maxwell o Einstein?

Desafortunadamente la serendipia no llega en un horario preciso. Los grandes pasos en el conocimiento no son predecibles. Pero algo es seguro: debemos entender primero que no entendemos…»

 

Está claro que Hale no intenta decir que el conocimiento adquirido no sirva de nada, sino que es mucho lo que aún desconocemos. Y ser conscientes de eso es vital para continuar explorando, preguntando, observando. No sabemos a dónde nos llevará esto.

Según Hale, cada paso mejora la vida de la humanidad. Esto es cierto. Aunque, digo yo, hay «efectos colaterales» no deseados y consecuencias indeseables que se alcanzaron adrede.
Al margen de las consecuencias tecnológicas, pienso yo que hay en el ser humano una búsqueda del saber, una curiosidad quizás innata, tal vez producto de que pensamos que todo tiene una causa.

Hale finaliza exhortándonos a seguir buscando.

«Si no continuamos buscando, observando, explorando, cesaremos de innovar, dejaremos de crecer, y comenzaremos a morir».

Un gran inventor estadounidense, Thomas Alva Edison dijo una vez: «No sabemos una décima del uno por ciento de nada». Mejor dejar la oficina de patentes abierta.

 

Fuente: http://www.noticiasdelcosmos.com/2010/04/un-decimo-de-uno-por-ciento-de-nada.html?m=1

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